Solemne Eucaristía Extraordinaria de consagración y renovación del patronazgo de María Stma. de Araceli sobre Lucena. Foto: paseillo.es.

María Santísima de Araceli renueva en la Santa Misa Extraordinaria su patronazgo sobre Lucena en el 175 aniversario de su proclamación

La Parroquia de San Mateo acogió la solemne renovación del patronazgo de la Virgen de Araceli sobre Lucena en el 175 aniversario de su proclamación

17 de Mayo del 2026

La ciudad de Lucena vivió en la noche del sábado 16 de mayo una de las celebraciones religiosas e institucionales más significativas de los últimos años con motivo del 175 aniversario de la proclamación de María Santísima de Araceli como patrona de la ciudad. La Parroquia de Parroquia de San Mateo Apóstol acogió una solemne misa extraordinaria y el posterior acto de consagración y renovación del patronazgo de la Virgen sobre el pueblo lucentino.

La celebración eucarística, que contó con representantes institucionales, cofrades y numerosos fieles que llenaron el templo lucentino, estuvo presidida por el obispo emérito de la Diócesis de Córdoba, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández González, y contó con el acompañamiento musical de la Coral Lucentina.

Como preámbulo a la Santa Misa, Gregorio Espejo Jiménez, hermano mayor de la Real Archicofradía, realizó una intervención donde destacó el significado especial de la jornada, subrayando que la renovación del patronazgo constituye “signo vivo de la fe, la historia y la devoción de generaciones enteras de lucentinos”, que han encontrado siempre en María Santísima de Araceli “amparo, consuelo y esperanza”.

En suhomilía D. Demetrio Fernández, realizó una reflexión en torno a la solemnidad de la Ascensión del Señor, la presencia permanente de Cristo en la Eucaristía y el papel maternal de la Virgen María en la vida de los creyentes.

El obispo emérito recordó las tres etapas de la presencia de Cristo: su vida terrena, las apariciones tras la Resurrección y su Ascensión al cielo, explicando que Jesús “inventó la Eucaristía” como modo de permanecer para siempre junto a su pueblo. “En la Eucaristía está Jesús vivo, resucitado”, afirmó, insistiendo en que la misa constituye el centro de la vida de la Iglesia.

A partir de ahí, enlazó esa presencia de Cristo con la maternidad espiritual de María, evocando las palabras pronunciadas por Jesús en la cruz al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. Según señaló, Lucena ha sabido acoger durante siglos ese regalo divino a través de la devoción a la Virgen de Araceli.

Si eres lucentino, eres aracelitano”, expresó Demetrio Fernández en uno de los momentos más destacados de su intervención, resaltando que María Santísima de Araceli “forma parte del alma de Lucena” y constituye un elemento inseparable de la identidad histórica, espiritual y cultural de la ciudad.

El prelado recordó además que el patronazgo de la Virgen fue declarado oficialmente en 1851 por el papa Pío IX, subrayando que no se trata únicamente de una tradición popular, sino de “un don recibido de la Iglesia”. En este sentido, animó a las nuevas generaciones a mantener viva la herencia mariana y aracelitana recibida de sus mayores.

Especial relevancia tuvo también su reflexión sobre la consagración al Inmaculado Corazón de María, enmarcada en el centenario de las revelaciones vinculadas a Fátima. Demetrio Fernández explicó que consagrarse a la Virgen significa “dejar que ella entre en nuestra vida y sea dueña de ella”, recordando igualmente la espiritualidad mariana de San Juan Pablo II y su lema “Totus Tuus”.

Durante la homilía, el obispo emérito animó a los fieles a mantener una relación cotidiana con la Virgen mediante la oración, especialmente a través del rezo del rosario, y reiteró una frase que ha pronunciado en numerosas ocasiones durante su etapa episcopal: “Un pueblo que tiene madre está salvado”.

En el tramo final de su intervención, invitó a los presentes a “alzar la mirada al cielo”, vinculando la fiesta de la Ascensión con la esperanza cristiana y con la figura de María Santísima de Araceli como guía y protectora del pueblo lucentino.

Tras la celebración de la Eucaristía tuvo lugar el acto solemne de consagración y renovación del patronazgo, conducido por Jesús María Moriana Elvira, quien explicó el desarrollo ceremonial que se iba a seguir ante la imagen de la patrona.

Seguidamente, Demetrio Fernández realizó la oración de consagración de la ciudad y de sus habitantes al Inmaculado Corazón de María. En ella pidió especialmente por los jóvenes, las familias, los enfermos, los pobres y los abandonados, al tiempo que encomendó a la Virgen el futuro espiritual de Lucena.

Bajo tu protección ponemos y consagramos nuestra ciudad de Lucena y a todos sus habitantes”, proclamó el obispo emérito ante un templo en absoluto silencio y recogimiento.

Posteriormente, el alcalde de Lucena, Aurelio Fernández, dio lectura al acta institucional de renovación del patronazgo, en la que se repasó la profunda vinculación histórica de la ciudad con María Santísima de Araceli desde la llegada de la sagrada imagen en el siglo XVI.

El documento destacó la proclamación oficial del patronazgo en 1851, la coronación canónica de 1948 y la importancia de la devoción aracelitana como uno de los principales elementos identitarios, religiosos y culturales de Lucena.

Asimismo, el texto subrayó que la Virgen ha sido durante generaciones “faro permanente de fe, esperanza, unidad y protección maternal” para el pueblo lucentino, reafirmando el compromiso institucional y colectivo de conservar y transmitir este legado a las futuras generaciones.

La declaración culminó con la proclamación solemne de la renovación perpetua del patronazgo de María Santísima de Araceli sobre Lucena y la reafirmación del vínculo espiritual y sentimental entre la ciudad y su patrona.

Como cierre del acto, el alcalde, el obispo emérito, el vicario episcopal y el hermano mayor de la Real Archicofradía procedieron a la firma oficial de los documentos de renovación del patronazgo y consagración de la ciudad.

La ceremonia concluyó con el rezo de la Salve y el canto del Himno de la Virgen de Araceli, interpretado por todos los presentes en un ambiente de profunda emoción y fervor popular, poniendo el broche final a una jornada que quedará señalada en la memoria religiosa e institucional de Lucena.

 


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